AMBIENTACIÓN
Preparamos el aula o salón de clase despejado de sillas y mesas... y los alumnos sentados en semicírculo, cómodos. Nos relajamos escuchando música clásica (o a elección del docente según las características del grupo). Cada uno adquiere una posición cómoda en su lugar y empieza a imaginar que un objeto cualquiera se desliza en el espacio, hace giros, se reproduce.
- cada uno de ustedes imagina un objeto real o fantástico (inventado por su imaginación);
- piensen que ese objeto se mueve en el espacio, gira y se multiplica;
- imaginen que ustedes son ese objeto;
- a medida que lo deseen, empiecen a moverse con la música, como lo haría el objeto;
- ahora representen corporalmente su objeto (por ejemplo, un árbol cuyas ramas son sus brazos, las raíces, sus pies, etcétera.);
- con crayones o pasteles dibujen lo que ven. Pueden realizar la cantidad de representaciones que quieran, no desechen ninguna, pues todas son valiosas.
Nos sentamos en ronda y cada uno de nosotros pasa al medio a representar corporalmente el objeto con el cual se identificó; al compás de la música realizamos los movimientos previamente visualizados en nuestra mente. El resto observa.
En un segundo momento dibujamos lo que vemos con crayones o pasteles; realizamos la cantidad de representaciones que deseamos.
Luego nos reunimos de a tres y en un papel blanco anotamos palabras sueltas que nos surgen instantáneamente, como por ejemplo:
chico - oscuro - noche - alegre
Las escribimos en columnas y al lado los antónimos, que son las palabras que significan lo opuesto.
A DRAMATIZAR LOS OPUESTOS
Pasan dos integrantes del grupo y cada uno representa corporalmente un par de palabras. El resto dibuja lo que ve y anota las palabras que se corporizan.¡Acción! ¿Se animan a representar con el cuerpo las palabras? Usen los brazos, las manos, la cabeza, el tronco, las piernas, los pies y todas las expresiones de la cara.
Nos sentamos a reflexionar, mostramos nuestros dibujos y contamos las experiencias individuales y grupales.
